El miedo es una sensación que todos conocemos: ese nudo en la garganta, el corazón acelerado, la mente que corre más rápido que la realidad. A veces aparece como un susurro que incomoda y otras como un temblor interno imposible de ignorar. Y aunque solemos verlo como un enemigo, el miedo es, en esencia, una energía profundamente sabia. Llega para mostrarnos que estamos cruzando un umbral importante.
El problema nunca ha sido sentir miedo. El verdadero problema es creer que tenemos que quedarnos atrapados en él.
Cuando el miedo toca a la puerta, no viene a decirnos “detente”. Más bien nos está diciendo: “mira esto, aquí hay una oportunidad para crecer”. El miedo se enciende cuando estamos avanzando hacia algo que nos mueve, algo que nos transforma, algo que nos exige soltar una versión vieja de nosotros mismos para permitir que nazca una nueva.
Sentimos miedo no porque seamos frágiles, sino porque estamos expandiéndonos. Cada vez que un cambio importante se acerca —una decisión, un sueño, una conversación difícil, una puerta que se abre— nuestras energías internas se ajustan. Lo que antes nos mantenía seguros intenta quedarse, y por eso aparece esa incomodidad. Es un choque entre lo que fuimos y lo que estamos a punto de ser.
Por eso, en vez de rechazarlo, podemos aprender a escuchar al miedo. Preguntarnos: “¿Qué vienes a mostrarme?”
“¿Qué parte de mí estás tratando de proteger?”
“¿Qué quiere nacer en mí que me asusta tanto?”
Cuando dejamos que el miedo hable, sucede algo hermoso: deja de ser un obstáculo y se convierte en un maestro. Nos guía hacia las decisiones correctas, nos hace más conscientes, afina nuestra intuición y nos prepara para dar pasos con intención. El miedo es una brújula. Y muchas veces, apunta directo hacia lo que más deseamos.
Una forma sencilla de transformarlo es respirarlo. No para borrarlo, sino para acompañarlo. Poner una mano en el pecho, reconocerlo, agradecerle y recordarle que ya no necesitamos tanta protección. Visualizar cómo esa energía densa se suaviza, se aclara y se vuelve impulso. Porque detrás de cada miedo, siempre hay una puerta esperando ser abierta.
No hay nada malo contigo si sientes miedo. No estás fallando. No estás retrocediendo. Solo estás creciendo más rápido de lo que tu versión antigua puede sostener. Y eso es maravilloso.
El miedo no te limita: te revela.
Si estás en el momento para comprender mejor esa energía, para profundizar en tus propios procesos internos y usar tu intuición como guía, entonces creo que estás en el momento perfecto para dar el siguiente paso. En mi libro “despierta tu poder: del miedo al éxito”, hablo justamente de estas señales, de los ciclos emocionales, de la intuición y de cómo el universo nos habla cuando estamos listos para transformarnos.
Te invito a explorar ese camino más profundamente. Encuentra tu ejemplar y comienza este viaje de vuelta a ti.

